Mansos y humildes de corazón

Mansos y humildes de corazón

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Mansos y humildes de corazón

Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar.

 Llevad mi yugo sobre vosotros,
y aprended de mí,
que soy manso y humilde
de corazón; y hallaréis descanso
para vuestras almas;
 porque mi yugo es fácil,
y ligera mi carga.

Estas palabras de Jesús, no dejan
a nadie indiferente, son verdaderamente
impactantes, incluso, a más de uno
les produce una tremenda carga
en su andar tras de Jesús,
y tal vez para otros sean un
deseo dulce de poder cumplir.

El evangelio de Mateo nos trae estas palabras,
que nos hablan sobre la mansedumbre
y la humildad de Dios, donde Cristo
nos hace una invitación a “todos”
los que trabajan “con cansancio”
y están “cargados.”

Jesús pone estas palabras para ser
aliviados contra el fariseísmo,
sus prácticas y leyes, ya que estos
religiosos tenían una doctrina “formulista”
e “insoportable” por sus infinitos preceptos
y una minuciosa reglamentación asfixiante,
como se expone en el siguiente
pasaje de Lucas:

Más ay de vosotros, fariseos que diezmáis
la menta, y la ruda, y toda hortaliza,
y pasáis por alto la justicia
y el amor de Dios.
Esto os era necesario hacer,
sin dejar aquello.

 Ay de vosotros, fariseos que amáis las
primeras sillas en las sinagogas,
y las salutaciones en las plazas.

 Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas Que sois como sepulcros
que no se ven, y los hombres que
andan encima no lo saben.

 Respondiendo uno de los intérpretes
de la ley, le dijo: maestro,
cuando dices esto, también
nos afrentas a nosotros.

Y él dijo: ay de vosotros también,
intérpretes de la ley Porque
cargáis a los hombres con
cargas que no pueden llevar
pero vosotros ni aun con
un dedo las tocáis.

El judío estaba envuelto en 613
prescripciones del código mosaico,
reforzadas de tradiciones sin
número; la vida del fariseo era
una intolerable servidumbre.

 El temor de caer en ellas paralizaba
el espíritu y anulaba el sentido
superior de la moral natural.

 Toda la religión degeneraba en un
formalismo mezquino. Es así como
a los que; están “fatigados” y
“cargados” de toda esa seca e
insoportable reglamentación.

 A todos ésos les dice Jesús que
“vengan a mí”, porque con su
doctrina de amor, les “aliviará,”
y les dará un descanso “restaurador”
para el alma

Frente al hastío, al cansancio,
al aburrimiento de tantas exigencias,
Cristo les invita a tomar “su yugo”,
aprendiendo de Él: “aprended de mí”,
Es decir entrar en su escuela,
dejarse instruir por Él
“que soy manso y humilde de corazón”.
 

El corazón es la fortaleza de los afectos
y conducta. Tal es la actitud del Espíritu
de Cristo. A la mansedumbre se
opone la ira, el ser áspero;
a la humildad, la soberbia.

 Sabemos que el magisterio de estos
religiosos llamados fariseos
y doctores de la ley era soberbio
y buscaban con ello la gloria
unos de otros:

¿Cómo podéis vosotros creer,
pues recibís gloria los unos
de los otros, y no buscáis la gloria
que viene del Dios único?

De ahí, fácilmente, el tono áspero
e iracundo contra todo el que no
se sometiera a sus lecciones.
Prueba de ello es su odio a Cristo.

Más todo lo opuesto es el magisterio de Él.

Jesús, promete a los que sigan
sus enseñanzas y tomen su yugo;
“hallaréis descanso para vuestras almas.”
Porque no sólo su “yugo es fácil”
y su “carga ligera,” Sino que da
vida abundante; “yo he venido para
que tengan vida y la tengan
en abundancia” Juan 10:10

Las palabras de Cristo,
es decir su doctrina,
son espíritu y vida;
“porque el pan de dios es
el que baja del cielo y da
la vida al mundo Juan 6:33.

¿Qué debemos hacer?

aprender de Cristo, para ser mansos
y humildes de corazón, debemos
librarnos de los deseos de ser
estimados, ser tan amados,
ser buscados, ser alabados,
ser honrados, ser preferidos a otros,
ser consultados, ser aprobados,
ser halagados.

 Como además no tener temor de
ser rechazados, ser olvidados,
ser puesto en ridículo, ser burlados,
ser injuriados, que los otros sean
más queridos que yo, y tampoco
debemos preocuparnos de que
los otros puedan crecer en la
opinión del mundo y yo disminuir,
que los otros sean alabados y yo
criticado, que los otros sean preferidos
a mí en todo y yo postergado,
que los otros puedan ser más
santos que yo con tal de que yo sea
todo lo santo que Dios quiera.

Frente a una tarea tan difícil,
nos queda solamente la
oración suplicando:

Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo,
“manso y humilde”, porque también
necesito hallar descanso para mi alma.

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