Muerte y destrucción continúan en el centro de Nigeria

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Al menos 14 personas han muerto a manos de ganaderos de la etnia musulmana Fulani en un ataque en el estado de Benue, en el área predominantemente cristiana de Gaambe-Tiev. Los asaltantes irrumpieron en la comunidad el 25 de julio a las 7:30 de la mañana y empezaron a disparar.

“Todos, incluidas mujeres y niños, huyeron corriendo. Los cuerpos de algunos de los muertos están siendo recuperados de sus granjas y aún estamos realizando la cuenta”, dijo un testigo a los medios de comunicación.

Ataques de ganaderos Fulani ocurren casi a diario en el estado de Benue, en la parte central del país, donde también están siendo destruidas muchas propiedades y granjas.

Lentamente han ido emergiendo los ataques perpetrados por ganaderos musulmanes Fulani en el estado de Benue, centro de Nigeria, cerca de su frontera con el estado de Taraba, desde finales de junio hasta hoy.

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Informes recientes hablan de 81 personas asesinadas, pero fuentes locales contactadas por World Watch Monitor dicen que la cifra ha llegado al menos a 133. Un número indeterminado de propiedades ha sido saqueado o destrozado, incluyendo 76 iglesias.

Los lugareños informan a World Watch Monitor que desde junio hasta la fecha los ganaderos Fulani han ocupado casi todas las áreas de las comunidades de Logo, Ukum y parte de Wukari, y que algunas iglesias y locales están siendo usados como campos, desde los cuales los ganaderos continúan atacando a otras comunidades cristianas.

El estado de Benue ha sido atormentado con violencia mortal. Más de 500 personas fueron asesinadas en febrero en el área de Agatu, un lugar cuya población es en su mayoría cristiana. Se cree que alrededor de 20.000 personas han huido debido a la ola de ataques, los que la mayoría de los locales dicen es la peor masacre perpetrada por ganaderos Fulani desde 2010, cuando murieron de 400 a 500 personas cerca de Jos.

La violencia perpetrada por los Fulani a lo largo de Nigeria Central es un problema ya muy conocido por los nigerianos: pastores ganaderos de la etnia Fulani, en su mayoría musulmanes, llegando a tierras de agricultores, en su mayoría cristianos. El largo conflicto por la tierra es frecuentemente asociado a cuestiones económicas, pero la actual violencia va más allá de los problemas de suelo entre los agricultores locales y ganaderos Fulani, según comenta a World Watch Monitor el presidente de la Asociación Cristiana de Nigeria (CAN por sus siglas en inglés).

“Este es otra yihad igual a la ocasionada por Boko Haram en el noreste del país,” dijo el reverendo Augustine Akpen Leva. “Los agresores cargan armas sofisticadas e incluso a veces usan armas químicas en nuestras comunidades. Vienen casi siempre durante la noche, cuando la gente duerme. Atacan a personas indefensas y luego se van. Tienen una agenda: exterminar a los cristianos y quedarse con las tierras.”

La reciente ola de violencia ha cobrado un número indeterminado de víctimas en el estado de Benue. “Mucha gente ha sido asesinada y es difícil obtener una cifra exacta de la cantidad de los muertos resultantes durante los ataques,” dijo el reverendo Leva. “A veces matan a 20 y otros días pueden ser 50. En semanas recientes, más de 100 personas han sido asesinadas en Logo y Ukum, zonas parte del gobierno local”.

Consecuencias a largo plazo

La violencia ha tenido un dramático impacto en las iglesias locales, que han presenciado la partida de docenas de sus miembros.

La población está huyendo. La gente no ha podido asistir a las reuniones de la iglesia, por razones de seguridad. En ocasiones, a una iglesia con 2.000 miembros solo se presentarán 50.

“Los pastores también están huyendo. Sus casas han sido destruidas y sus miembros han sido dispersados por todos lados, muchos de ellos viviendo ahora en campamentos,” dijo el Rev. Leva.

Desde el año pasado, más de 200 iglesias han sido destruidas solo en el estado de Benue. Las escuelas y otros servicios públicos no se han salvado de esto.

“Es realmente una situación patética,” se lamenta el Rev. Leva, quien culpa a las autoridades por no proveer protección a pesar de la creciente violencia.

“El Gobierno nos ha fallado,” dijo. “No hay protección para nada. Las pocas fuerzas de seguridad, que normalmente están presentes, huyen antes de los ataques.”

También dijo que la continua violencia tendrá consecuencias a largo plazo para las comunidades locales, quienes pueden enfrentar escasez de comida en un futuro cercano, debido a que todas las granjas han sido destruidas por completo – éstas cultivan ñame, yuca, frijol, maíz, arroz, soya, maní, etc. Además, los agricultores temen ahora salir a sus granjas, pues frecuentemente son alcanzados por las armas de los ganaderos.

“Hacemos un llamado al gobierno para que proteja a nuestra gente, y que así puedan continuar yendo a sus granjas sin el temor de ser asesinados,” agregó el Rev. Leva.

Los persistentes asaltos han dejado cientos de muertos y miles de personas han tenido que huir de estados de mayoría cristiana como Benue, Taraba, Plateau, Kaduna, Nasarawa y Níger en el cinturón agrícola de Nigeria.

El lunes 18 de julio por la noche, se sospecha que pastores ganaderos Fulani atacaron y asesinaron al regidor tradicional de la tribu Ron/Kulere (del área gubernamental local de Bokkos), en el estado de Plateau. Sir Lazarus Agai, cristiano, fue atacado camino a casa desde su granja. Ha habido un largo desacuerdo entre Agai y los ganaderos sobre su negativa a emitir tarjetas que digan al estado que los ganaderos son indígenas. En el sistema nigeriano, los indígenas gozan de ventajas con respecto a los no indígenas. Agai es el tercer cristiano líder de distrito asesinado por ganaderos Fulani este año.  

Mientras tanto, el 30 de junio, el Rev. Joseph Kurah fue apuñalado hasta morir por presuntos ganaderos Fulani en Obi, Nasawara.

De acuerdo al investigador Yonas Dembele, analista de Puertas Abiertas Internacional, quien trabaja con cristianos bajo presión por su fe, el patrón de la violencia fulani en la región, el uso de armamento de grado militar para expulsar a los cristianos de sus tierras y ocuparlas, la destrucción de hogares cristianos e iglesias, y el llamado a imponer la ley islámica, entre otras características, equivalen a una limpieza étnica en el Cinturón Central de Nigeria.

La campaña, argumenta el investigador, está en última instancia motivada por la misma ambición que impulsa a Boko Haram al norte: tener al mundo no-musulmán bajo el dominio islámico.

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