Nuestro pan diario: Comienzo pascual

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Comienzo pascual

Leer: Juan 20:24-31  

… acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente (v. 27).

Siempre me ha intrigado un detalle de la historia de la Pascua. ¿Por qué Jesús mantenía las cicatrices de su crucifixión? Se supone que podría haber tenido el cuerpo resucitado que quisiera, pero escogió uno que podía identificarse; especialmente, por las marcas que era posible ver y tocar. ¿Por qué?
Creo que la historia de la Pascua habría estado incompleta sin esas cicatrices en las manos, los pies y el costado de Jesús (Juan 20:27). Los seres humanos sueñan con dientes nacarados y parejos, piel sin arrugas y cuerpos bien formados. El cuerpo perfecto es un estado antinatural. Pero, para Jesús, lo antinatural era estar limitado a un esqueleto y piel humanos. Las cicatrices son un recordatorio permanente de su estadía en nuestro planeta.
Desde la perspectiva celestial, esas cicatrices representan el suceso más terrible de la historia del universo. Pero, aun así, ahora son solo un recuerdo. La Semana Santa hace que las lágrimas, las luchas, las angustias y las pérdidas queden en el pasado, como las cicatrices de Jesús. Nunca desaparecen por completo, pero ya no duelen. Un día, tendremos cuerpos nuevos, y cielo y tierra también nuevos (Apocalipsis 21:4). Tendremos un nuevo comienzo… un comienzo pascual.

Señor, gracias por la esperanza que brinda la resurrección de Jesús. Hoy pongo mi fe en ti.

La resurrección de Cristo garantiza la nuestra.