“Nuestro pan diario” Solitario del desierto

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Solitario del desierto

Leer: Salmo 136:1-9 

… Y vio Dios que era bueno (Génesis 1:12).

Solitario del desierto es la historia personal de Edward Abbey sobre sus veranos como guardabosque en un parque nacional en Utah, Estados Unidos. Vale la pena leer el libro tan solo por el lenguaje vivaz y las gráficas descripciones de las bellezas naturales de aquel lugar.
Sin embargo, a pesar de sus cualidades artísticas, Abbey era un ateo que solo podía ver la belleza superficial de lo que disfrutaba. ¡Qué triste! Vivió toda su vida elogiando la belleza, sin captar la esencia de toda esa maravilla.
La mayoría de los pueblos antiguos tenían teorías sobre los orígenes rodeadas de leyendas, mitos y canciones. Pero la historia de Israel sobre la creación era única: hablaba de un Dios que creó la belleza para que la disfrutemos con la alegría de un niño. Dios ideó el cosmos, lo puso en existencia con su palabra y lo declaró «hermoso». (La palabra hebrea traducida bueno también significa bello). Después de crear un paraíso, formó al ser humano, lo puso en Edén y le dijo: «¡Disfruta!».
Algunos ven y disfrutan de la belleza de los buenos regalos de Dios, pero «no le [glorifican] como a Dios, ni le [dan] gracias, sino que se [envanecen] en sus razonamientos» (Romanos 1:21).
Otros ven la belleza y dicen: «Gracias, Dios».

Señor, gracias por poder disfrutar de la belleza de tu creación.

Toda la creación refleja la belleza de Dios.