«Nuestro hogar era su basurero»

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Antes de la entrevista, preguntamos al joven Jitendra Sal*, de 21 años, si tenía alguna pregunta. Él asiente con la cabeza. “Tengo una pregunta. ¿Por qué Dios permite que nos ocurra el sufrimiento?»

Jitendra visita este centro en el que nos encontramos de una organización asociada a Puertas Abiertas junto con su padre, Krishna, para hablarnos acerca de la persecución a la que se enfrentó por convertirse a Cristo años atrás. A través de sus socios, Puertas Abiertas ayudó a su familia con ayuda básica y otro tipo de ayuda después de que fuesen atacados, pero Jitendra y Krishna aún no habían tenido la oportunidad de formar parte de nuestra formación “Firmes en la Tormenta”, el cual prepara a creyentes para la persecución.

Un miembro del personal de Puertas Abiertas le dice a Jitendra: “Esta es una buena pregunta, pero tienes que comprender que Jesucristo mismo tuvo que sufrir por nuestra causa. Cuando la persecución nos ataca podemos identificarnos más con Él.”

El joven siguió haciendo preguntas más adelante y encontramos un lugar bajo los árboles del jardín verde del centro en el que nos encontrábamos. Mientras, los niños juegan fuera. Alguien nos trae un fuerte té con el fondo lleno de azúcar. El escenario no puede ser más pacífico. Pero la película que tiene Jitendra en su mente se enciende, rebobina y vuelve a ponerse cada vez más rápido. Si pudiéramos grabar sus recuerdos, la clasificación sería de “mayores de 18” debido a su contenido gráfico de violencia.

Pero primero nos lleva seis años atrás, cuando él y el resto de su familia aún adoraban ídolos hindúes. “Uno de mis amigos me habló acerca del Único y verdadero Dios, Jesucristo. Me dio un tratado evangelístico que yo no comprendía. Lo puse en nuestro altar familiar y lo adoré tal y como adoraba a los ídolos que estaban en ese altar. Pero mi amigo me dijo que debía dejar de adorar al tratado y en vez de eso leerlo. Aún así tenía dificultad para comprender las palabras y le pregunté a uno de mis maestros. Él simplemente dijo, ‘Tíralo, y no lo leas’.”

En aquel entonces había mucha enfermedad en la familia de Jitendra. “Yo también sufría de dolores de cabeza y fiebre y me uní a un cristiano en un evento de oración ya que había hecho muchos rituales hindúes pero permanecía enfermo. Dios me sanó de manera instantánea. Comencé a ir a la iglesia y luego mi familia me siguió. Mis padres leían el Nuevo Testamento en casa.”

Pero todos los ídolos aún estaban en su casa. “Cuando fuimos a la escuela dominical, comprendimos a través de las lecciones que debíamos adorar a un solo Dios y que los demás dioses eran falsos. Mis hermanos y yo removimos los ídolos del altar de nuestro hogar y los quemamos en algún lugar afuera. Mis padres no tuvieron que hacer nada.”

Lentamente, pero firmemente, la oposición creció contra la familia Sal. No era difícil identificarlos como a apóstatas hindúes. La familia dejó de ofrendar a los ídolos y rehusaron dar dinero para los festivales hindúes. “Los ancianos de la comunidad vinieron a nuestra casa para presionarnos. Ellos dijeron: ‘ustedes serán discriminados y aún expulsados del pueblo’.”

Jitendra y su padre hablaron con el pastor que los discipulaba. “Él nos mostró en la Biblia que no debíamos tomar parte de los actos pecaminosos de los hindúes y oró para que Dios nos ayudara en esta situación. De hecho, toda la congregación oró por nosotros. Y dejaron de venir a nuestra casa por un tiempo.”

Sin embargo, surgieron muchos rumores sobre la familia. “Cuando mi madre iba al mercado, en ocasiones era acosada por otras mujeres. ‘¿Por qué no pagas por nuestra comunidad?’ Mis hermanos y yo éramos acosados en la escuela. Yo hasta perdí a mi mejor amigo. ‘Si tú sigues a dioses extraños, no puedo estar contigo.’ Lloré mucho por el dolor que experimenté.”

Según Jitendra, el consejo de la comunidad se reunió para poner una trampa. “Primero trataron de presentar acusaciones contra nosotros, pero no pudieron encontrar ninguna. Luego vinieron con la idea de poner un desagüe frente a nuestra casa y comenzaron a cavar desde ambos lados. Algunos hombres vinieron a nuestra casa y nos pidieron permiso para cavar en nuestra tierra también. Al principio los recibimos, pero la presión aumentó y finalmente cedimos. Parecía como si nuestra relación con el pueblo estuviera mejor por un tiempo, pero el año pasado volvieron a por nuestra contribución para los festivales hindúes. Rehusamos formar parte y abusaron de nosotros. No sólo eso, las personas tiraron su basura en el desagüe, incluso excrementos de vaca.”

La madre de Jitendra fue al consejo de la comunidad a quejarse, pero se rieron de ella. “Esto es un desagüe. No podéis tirar basura en un desagüe.”

Para entrar a su casa, Jitendra tenía que saltar por encima de la basura podrida por el sol. El olor era desagradable y los gusanos entraban a la casa. “Algunas veces no podía ni siquiera comer. Oramos por aquellos que tiraban la basura en el drenaje, pero hubo un momento en que tuvimos que hacer una denuncia en la comisaría de policía.”

Esta acción encendió la ira de los habitantes del pueblo. Cuando la madre de Jitendra estaba sola en su casa, la gente entró y la golpeó. El próximo día la familia fue citada a una reunión con el consejo de la comunidad. “Si no retirábamos la denuncia, no nos permitirían estar más en el pueblo.”

El día siguiente, el padre de Jitendra fue al inodoro en el campo. Algunos hombres lo esperaron en el campo y lo atraparon. “Yo estaba en casa”, dice Jitendra, “Podíamos oír a mi padre gritar así que corrimos hacia afuera para ayudarlo. De repente, tres hombres me agarraron por la espalda, me levantaron en el aire y me tiraron al suelo. Uno de ellos puso su dedo en mi boca y me empujó hacia atrás, mientras alguien empujaba mis piernas con un palo. Pensé que iba a morir. Luego me arrastraron a través del lodo del desagüe y metieron mi cabeza en la basura. No podía respirar y estaba seguro de que no podría sobrevivir. Traté de liberarme y de alguna manera tuve éxito. Continuaron golpeándome con palos. En la distancia podía escuchar a mi madre gritar.”

Los hombres se fueron. Jitendra y Krishna lucharon a través del dolor y fueron a la estación de policía, donde Jitendra finalmente colapsó. Despertó en un hospital. “El doctor me dijo que mi pierna estaba rota. El scan CT también mostró una vena rota.”

El dolor emocional era mucho más grave. “Mi madre lloraba como una loca. ‘¡No tengo ningún lugar donde ir! Cuando estaba en la cama de hospital, continuaba pensando: ‘¿Cómo puedo proteger a mi familia?’ Luego recordé que la noche anterior a la paliza me había hecho la misma pregunta, y fui consolado por el pensamiento de que sólo Dios podía protegernos. Él podía cuidar de nosotros en cualquier circunstancia.”

Ahora la familia está a salvo. Aunque no están juntos, los miembros de la familia viven en diferentes casas protegidas. Puertas Abiertas pudo ayudarles pagando por sus gastos médicos. También invitamos a Jitendra y su padre a asistir a nuestro seminario de “Firmes en la Tormenta”. “Estoy tan agradecido y alabo a Dios por su ayuda. Quiero agradecer a todas las personas que oran por nuestra familia. Oren para que un día podamos volver a nuestro pueblo y también para que los habitantes del pueblo conozcan a Dios.”

Finalmente, le preguntamos si aún luchaba con la pregunta de por qué Dios permitía que ocurriese el sufrimiento en ellos. Él movió su cabeza. “Recordando que Jesús también sufrió también es una respuesta suficiente. Yo sé que Dios nunca me dejará, ni me desamparará”.

 *Nombres cambiados por razón de seguridad

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