Estoy bien


Estoy bien con mi Dios

Alma mía, estoy bien con mi Dios

Horacio Spafferd nació el 20 de octubre de 1828 en Troy,
 Nueva York. Fue un devoto siervo de Dios en su tiempo
y un exitoso abogado, aunque es mejor conocido como

el escritor del famoso himno cristiano “Estoy bien”;
cuyas palabras, aun hoy en día, son usadas por el Dios de toda consolación para traer paz a muchos corazones.

Horacio Spafferd se mudó a Chicago, donde contrajo
matrimonio con la noruega Anna Larssen.

Horacio y Anna tuvieron un hijo,
pero éste murió a la edad de 4 años;
comenzando así la serie de circunstancias aflictivas
que atentarían contra la paz espiritual y seguridad terrenal
que habían sostenido sus primeros años,
su vida familiar y su casa.

Después, Horacio y Anna tuvieron cuatro hijas más.

En 1871, el exitoso abogado Horacio Spafferd se vio afectado económicamente por “El Gran Fuego de Chicago”,
en el que perdió gran parte de sus posesiones.

En 1873, había planeado tomar unas vacaciones con su familia; pensaban viajar a Inglaterra, ya que allí estaba el evangelista
Duai Laiman Miudy, que era amigo cercano de Horacio.

Ya que Horacio se había demorado en negocios
concernientes a la solución de los problemas ocasionados
 por “El Gran Fuego de Chicago”, decidió enviar primero
 a su familia, prometiendo reunirse con ella tan pronto
 como le fuera posible.

Mientras el barco cruzaba el Atlántico, chocó violentamente
con un buque inglés, causando el rápido hundimiento del barco
 (se dice que se hundió en 12 minutos).

 Muchos pasajeros y tripulantes del barco murieron ahogados, entre quienes se encontraban las cuatro hijas de Horacio y Anna.
 Un velero de carga recogió a los sobrevivientes; su esposa,

inconsciente, yacía en un mástil flotante.

 Después de que Anna desembarcara en Cardiff,
 envió un cablegrama a su esposo en el que decía
“salvada sola”.

Horacio viajó a Inglaterra para encontrarse con ella.

 Durante su viaje, el capitán de la nave llamó a Horacio y le dijo que, según sus cálculos, en ese momento, estaban atravesando
 el lugar exacto en el que se había hundido el barco.

Allí, mientras atravesaban –en cierto sentido– aquel mar de aflicción, empezaron a formarse en la mente de Horacio pensamientos poéticos. Tuvo un sentimiento sobrecogedor de la presencia de Dios a su lado,
y sintió su alma extrañamente consolada al meditar
 en la obra redentora de Cristo y la promesa de Su regreso.

Dios le hizo saber que, a pesar de todo, él estaba bien,
 tenía paz, ¡Gloria a Dios!;


entonces Horatio escribió los versos del himno cristiano
Estoy bien”.

En una carta a su cuñada dijo:


“El jueves pasado pasamos por el lugar donde ellas descendieron, en medio del océano, a tres millas de profundidad.

 Pero no pienso en nuestros seres queridos allí.

 Están a salvo…….queridos corderos”.

En esos mismos días, el señor Miudy y su acompañante,
Aira Deivid Sanky, estaban predicando en la ciudad de Edimburgo, hacia el norte de Gran Bretaña.

Al oír las noticias de la tragedia, decidieron ir al sur con el fin de consolar a la pareja, pero encontraron al señor Spafferd
y a su esposa gozando de la paz de Dios y diciendo:

«Está bien; sea hecha Su voluntad.»

 Meses después, de nuevo en Chicago,
el señor Sanky vio los versos de este himno y dijo:

 «Estas son palabras inspiradas.
 Este himno lo cantarán millones para
su propio consuelo e inspiración.»