Aquí esta el amor, tan vasto como el océano

Oh qué amor tan vasto como el mar

Bondadosa inundación

Cuando Cristo, nuestro Rescate

Su preciosa sangre vertió

«Aquí está el amor, tan vasto como el océano»,
vino de la pluma de William Ruis, nacido en 1802,
como resultado de una fe arraigada en la comprensión de lo que significa ser humano y qué es lo que Dios ha hecho por nosotros.

 En 1904, este precioso himno se convirtió en
«La canción de amor del avivamiento de Gales».

 Fue escuchado con mucha frecuencia y usado poderosamente
 por Dios durante aquel tiempo.

La letra original se erige como uno de los himnos
 más poderosos jamás escritos, mostrando la conexión
 entre el amor de Dios y el evangelio.

“Este fue mi primer encuentro con el avivamiento en Gales.
 Había escuchado y leído que el Sr. Roberts estaba en Pontycymmer, así es que decidí ir y ver cómo eran las reuniones.

Al prepararme para ir en el tren, la melodía de una canción y las letras del himno «Aquí está el amor, tan vasto como el océano»
entraron en mi mente y no pude resistir cantarlo en la casa.

Llegué a Pontycymer después de las 7 de la tarde.
 El lugar de la reunión estaba abarrotado de gente,
 por lo que tuve mucha dificultad para poder entrar.

 Después de 2 horas pude hacerlo, y a la primera que vi fue a
mi hermana, Maggie, cuyo rostro mostraba estar bajo un gran
sufrimiento espiritual. Era muy evidente que el Espíritu de Dios
estaba obrando en ella.

La verdad, es que aquel día no entré en la reunión con un espíritu correcto y como consecuencia me sentí muy indiferente,
aunque llena de curiosidad. Antes de cerrar la reunión, el Sr. Roberts

pidió que los que pudieran decir que amaban a Jesús por encima de todo lo demás, se pusieran de pie. Mi hermana y yo nos sentamos juntas y nuestro primer impulso fue levantarnos, para demostrar que estábamos entre los que podían decirlo, pero algo nos lo impidió. Un poder irresistible nos paralizó.

Tras acabar la reunión, me sentí muy infeliz y mi consciencia me habló

muy fuerte, diciéndome que había negado a mi Salvador.
Había sido miembro de la iglesia durante años, pero no había hecho nada para la gloria de Dios. Sentí que Él no podría perdonar

jamás mis múltiples pecados.

Intenté dormir y olvidarme totalmente de las reuniones,
 pero me fue imposible. Sabía que las cosas tenían que cambiar, porque me sentía vacía. Tenía que hallar la paz o morir.

Por fin llegó el tiempo de participar en la segunda reunión;
 ¡había estado contando las horas! Al entrar en el local, me di cuenta de que un gran poder estaba obrando allí, y mi alma fue conmovida profundamente;
 no se podían contener las lágrimas, que fluían libremente.  El Sr. David me dijo “Canta algo, Annie”, y con una fuerza irresistible salté de mi asiento y canté
“Aquí hay amor tan vasto como el océano”, aunque no pude terminarlo, debido a los fuertes sollozos.
No pude parar de llorar en toda la reunión”.

A partir de ese momento, Annie y dos jóvenes más,
tras consagrar sus voces al Maestro y sentir que el Espíritu santo
 las estaba dirigiendo, llenas de entusiasmo y anhelo,
 empezaron a participar muy activamente en las reuniones
y a visitar los “pubs y clubs”, donde cantaban himnos y animaban
a los hombres que estaban allí para que asistieran a la reunión.

“Mi primer encuentro con el himno fue en una reunión dos días después de que Annie lo cantara por primera vez”

 
dijo el Sr. Phillips, corresponsal y escritor de artículos y libros
sobre este avivamiento.

“El poder de la reunión era muy evidente.
 Mientras Annie y otra joven cantaban
 “Aquí hay amor tan vasto como el océano”,
casi todos fueron conmovidos a derramar lágrimas.
 El mover era tan insoportable que aún los más fuertes y maduros,

abandonaron la reunión conmocionados profunda y fuertemente. Jamás me olvidaré de aquella escena.
 Era difícil controlar los sentimientos para poder hacer un reportaje objetivo de la reunión, que continuó por mucho tiempo;
hasta los comerciantes que estaban allí
olvidaron sus negocios totalmente.”

Otro reportero comentó:
… el sermón más efectivo escuchado el domingo, sin duda,
 fue la presentación de una joven, con una voz hermosa,
cantando con una emoción conmovedora el himno
 “Aquí hay amor tan vasto como el océano”.


Fue tan efectivo porque aquellas palabras declaraban
 los pensamientos de todos, y porque el himno expresa,
 en pocas líneas, la esencia real del evangelio de este avivamiento”.

Durante ese tiempo y tras un profundo y conocido clamor…

 “¡dobléganos, Señor, dobléganos!”,
todo Gales cayó bajo el fuego de Dios.

La iglesia se despertó a la oración intensa,

los cultos se prolongaban hasta la madrugada,
la Gloria de Dios era palpable y las almas caían
en profunda convicción de pecado,
creyentes de todo el país  y de todo el mundo
vinieron a beber de las fuentes del Espíritu.

Había gente llorando por las calles en medio de la noche,
 según el Espíritu de Dios les tocaba.

Durante el avivamiento, las cantinas cerraron por falta de clientes quienes, arrepentidos de sus pecados, ya no asistían.
Prostitutas y personas marginales cambiaron
radical y visiblemente de vida.

Los eventos deportivos se suspendieron, nadie iba a verlos,
 y hasta los deportistas estaban en las reuniones.
Las compañías teatrales dejaron de ir a Gales
porque no tenían público;
las personas sólo querían oír la Palabra de Dios.

Los negocios locales cerraban durante las reuniones
 para que los empleados pudiesen asistir a ellas.

Los oscuros túneles debajo de las minas de carbón
 se hicieron eco de los sonidos de las oraciones e himnos.

Es bien conocida la anécdota de que, ante la conversión de muchísimos mineros, los caballos tuvieron que ser reeducados,
 pues habían sido adiestrados para obedecer órdenes en forma

de malas palabras; como el vocabulario de los mineros había cambiado hubo que enseñar a los caballos a reaccionar a un “nuevo lenguaje”.

La criminalidad cayó en picado; La policía informó
que no tenían nada que hacer, más allá de supervisar
 el ir y venir de la gente a las reuniones de oración.

Las comisarías se vaciaron porque no había detenciones,
 y hasta los mismos policías asistían a las reuniones.

 Las barreras denominacionales cayeron
y las Biblias se agotaron en las librerías.

 Una sociedad entera fue transformada por el poder de Dios.

¡Clamemos a Dios por algo así en nuestros días!

¡Dobléganos Señor, dobléganos!