–HIMNO:EN CUERPOS COMO EL SUYO

–AUTORA: MARGARET CLARKSON

Margaret Clarkson nació en 1915 en la pequeña población de Melville, en la provincia canadiense de Saskatchewan, cuando todavía no había recibido el título de ciudad.

Siendo una niña de cinco años se trasladó con su familia a Toronto.

 Estudió en la Universidad de Toronto, y se trasladó a las zonas madereras y mineras del norte de Ontario para ejercer su vocación de maestra.

Mujer de carácter fuerte, vivió en una soledad mental, cultural y especialmente espiritual, ya que, habiendo conocido la sana doctrina se vio siempre carente de buena comunión y enseñanza bíblica en las iglesias liberales y modernistas con muy pocos cristianos nacidos de nuevo entre su membresía, que existían en su entorno.

Eso la llevó a dedicar mucho tiempo al estudio solitario de la Biblia y la buena teología. De ahí la profundidad doctrinal que es patente en la mayoría de los himnos que compuso.

Escribió su primer himno a los doce años, y a lo largo de su vida llegó a publicar 17 libros en 7 idiomas.

Su producción poética y literaria es abundantísima, y ha sido considerada como una de las cinco mejores compositoras cristianas contemporáneas.

En las iglesias evangélicas de habla castellana se cantan algunos de sus himnos, como

 “Por Su misericordia, a Cristo cantaré

(original de otra prolífica autora, Fanny Crosby y adaptado por Clarkson),

 “Así os mando yo” (basado en Juan 20:21, fruto de una profunda meditación sobre el doloroso sacrificio que algunos tienen que hacer para llevar a otros el mensaje del Evangelio),

 y “Mi Dios reinando está

 (un himno que recuerda que Dios está en Su trono aunque la realidad que vivimos parezca indicar lo contrario).

Muestra de su fuerte personalidad es que dejó organizado su funeral hasta el más mínimo detalle, con las lecturas, himnos e intervenciones que quería que sonaran en su despedida.

Fue a encontrarse con su Salvador en 2008, a la edad de 93 años.

El himno que presentamos aquí es una emotiva presentación de la gran esperanza de los cristianos, la resurrección de nuestros cuerpos en el día final.

El apóstol Pablo anhelaba partir y estar con Cristo, “lo cual es muchísimo mejor”, pero no es “lo mejor”.

Los cristianos no anhelamos simplemente dejar este mundo para estar con Cristo en una existencia incorpórea, ni tampoco nuestra meta es la simple existencia sin fin, sino la resurrección corporal, cuando nuestras almas glorificadas sean reunidas a unos cuerpos resucitados para vivir en el nuevo cielo y la nueva tierra donde morará para siempre la justicia.

Clarkson dirige nuestros pensamientos y nuestras voces a esa realidad futura que es fuente de esperanza para el presente.

Una auténtica teología de la resurrección resumida en cinco hermosas estrofas que con la habilidad poética de Santiago Míguez apenas ve mermada su calidad respecto del poema original.

En cuerpos como el suyo en la resurrección,

con gozo encontraremos al Salvador en Sion;

a pobres pecadores piedad ha de mostrar

al compartir su mesa y su celeste hogar.

Ya libres del pecado, en la resurrección,

al contemplar su rostro y al ver su perfección,

seremos como el Hijo, pues su obra completó

y allí compartiremos la vida que él ganó.

Y libres de la muerte, en la resurrección,

vencida para siempre será la maldición.

¡Enséñanos, oh, Cristo, a verte en la aflicción,

a andar por fe, entendiendo tu gracia y provisión!

Radiante, joven, libre, en la resurrección,

mejor de lo soñado, ¡qué gran satisfacción!

Por años incontables, tu gloria sondear,

y en ese asombro eterno, poderte allí adorar.

Señor Jesús, cantamos, la vida que tú das,

sostienes la esperanza y siempre nos guiarás;

podremos ofrecerte mejor adoración,

en cuerpos como el tuyo, en la resurrección.