HIMNO: TU REINO AMO ¡OH DIOS!

AUTOR:TIMOTHY DWIGHT

Timothy Dwight nació el 14 de mayo de 1752 en (Massachussets) Estados Unidos y falleció el 11 de Enero de 1817 en New Haven, Estados Unidos.

Su obra como teólogo, poeta y pedagogo tuvo una gran influencia en la educación de su tiempo.

Su padre, el mayor Timothy, fue sucesivamente comerciante y dueño de una considerable propiedad.

Algo de luz sobre el carácter del mayor Timothy arroja el hecho de que aunque era graduado de Yale y destinado para el derecho, ‘tenía una gran sensibilidad de hacer siempre lo recto.

Alto y fornido, contrastaba con su esposa, Mary, hija de Jonathan Edwards, quien era tan menuda que, según una tradición, podía rodear su brazo con la palma de la mano.

 Tuvieron trece hijos de los que Timothy fue el primogénito.

Mary Edwards Dwight fue una mujer de destacado carácter y capacidad mental.

 A su muerte Timothy dijo que le debía todo a ella, aunque algunos de sus rasgos, tanto su estatura física y algunos espirituales se le podían atribuir a su padre.

Su madre sólo tenía 17 años cuando le dio a luz, pero casi desde la cuna procedió a educarle según sus ideas.

 Pronto demostró tener una tenaz memoria, avidez y determinación.

Aprendió el alfabeto en una lección y cuando tenía cuatro años leía la Biblia con facilidad y correctamente.

A los seis años fue enviado a la escuela, donde, contrariamente a los deseos de su padre, que pensaba que era demasiado pronto, y sin conocimiento de su maestro, aprendió latín al estudiar los libros de otros muchachos mientras ellos jugaban.

Si la escuela no se hubiera interrumpido habría estado listo para el colegio con ocho años.

Su madre continuó su instrucción, que fue complementada por un corto periodo de escolarización bajo el reverendo Enoch Huntington de Middletown, entrando con trece años a Yale, habiendo hecho ya mucho del trabajo de los dos primeros años de colegio.

Se graduó en 1769, compartiendo honores con Nathan Strong, siendo inmediatamente director de la Escuela Secundaria de Hopkins en New Haven, regresando a Yale en 1771 para ser tutor durante seis años.

Timothy  Dwight llegó a ser presidente de la Universidad de Yale, un puesto que el llevo a cabo con gran honor, los estudiantes le votaron como presidente por unanimidad.

Durante más de 21 años administró el colegio con gran habilidad, ejerciendo una influencia sobre los estudiantes que pocos profesores tuvieron, instruyendo a los del último curso en retórica, lógica, metafísica y ética, ejerciendo como profesor de teología, supliendo el púlpito del colegio, dando consejos en asuntos de Estado y siendo la figura más notoria en Nueva Inglaterra.

Sus enemigos le apodaron ‘Papa Dwight’, mientras que sus admiradores le veían como a un segundo Pablo.

Teológicamente perteneció a la escuela de su abuelo, Jonathan Edwards, aunque demostró algo de independencia.

Sus ideas las expuso en una serie de sermones, repetidos cada cuatro años en Yale, para que todos los estudiantes pudieran oírlos, siendo publicados tras su muerte con el título Teología explicada y defendida (5 volúmenes, 1818-1819), que fueron populares en América y fuera de las fronteras americanas.

La reputación e influencia de Dwight hay que atribuirla en parte a su equipamiento mental.

Tenía una tenaz memoria, un amplio abanico de intereses y aguda capacidad para la observación minuciosa.

Podía hablar inteligentemente con hombres de casi todo estilo de vida.

Su obra literaria se hizo con una desventaja ya que su vista le falló a causa de la viruela de la que no pudo sanarse por la tardanza de  los días de vacunación.

Había días que no podía leer más de 15 minutos, incluso nada debido a su enfermedad.

El siempre estuvo sufriendo de dolor en sus ojos y en la parte frontal  de su cerebro.

Obligado, por la condición de sus ojos, a valerse de amanuenses, era tal su poder de concentración que podía dictar a varios a la vez, volviéndose de uno a otro, comenzando sin ayuda donde había terminado. Además tenía un sólido juicio y sentido común.

Aunque abierto a la crítica a sus ideas políticas y sociales, mostró una noble devoción a los intereses de su país y nadie dudó de su integridad como cristiano.

Se había disciplinado en la conformidad al deber y trabajo y su perseverancia y dominio propio le hacían idóneo para las más elevadas posibilidades humanas.

Hay que tener en cuenta que la dificultad en sus ojos le suponía un gran impedimento diario, viéndose obligado a levantarse de noche para caminar varios kilómetros a fin de aliviar su intenso dolor, forzado a componer en prosa y poesía mediante el dictado y manteniéndose fiel en medio de una lenta muerte por cáncer.

Timothy Dwight fue el líder de los primeros escritores de himnos norteamericanos.

 Escribió 33 himnos pero el más destacado fue;

Tu Reino amo ¡Oh Dios!  que llegó a ser uno de los más populares que hasta el momento se mantienen.

Tu reino amo ¡oh Dios!
Tu casa de oración
Y al pueblo que en Jesús halló
Completa redención.

Tu iglesia, mi Señor
su templo y adoración
La grey que guiando siempre vas
con sabia dirección.

Por ella mi oración
Mis lágrimas de amor
Y mis cuidados y mi afán
Por ella son, Señor.

Un gozo sin igual
Me causa en ella estar
Por siempre allí tu comunión
Anhelo disfrutar.

Yo sé que durará
Mi Dios, cual tu verdad
y victoriosa llegará
A la eternidad.