REGINALD HEBER-SANTO, SANTO, SANTO

¡Santo, Santo, Santo! ¡Santo, Santo, Santo! ¡Dios Omnipotente!

Desde la mañana Te cantaré a ti. ¡Santo, Santo, Santo! Misericordioso Dios en tres personas ¡bendita Trinidad! ¡Santo Santo Santo! tus santos te adoran rinden sus coronas ante el mar de cristal. Seres celestiales se postran ante tí, ante aquel que era, que es, que a de venir.

¡Santo Santo Santo! no ocultará tu Gloria ni densas tiniblas ni el hombre pecador, solo Tú eres Santo incomparable Dios, perfecto en pureza en poder y amor. ¡Santo Santo Santo! ¡Dios Omnipotente! tus obras te alaban, el cielo, tierra y mar. ¡Santo, Santo, Santo! Misericordioso Dios en tres personas ¡bendita Trinidad!

“Santo, Santo, Santo”, fue escrito por Reginald Deber en 1826, y se ha dicho que es el himno más hermoso y majestuoso de todos los tiempos, y que hasta en el cielo se seguirá cantando. Por cierto, los cuatro seres descritos en Apocalipsis, capitulo 4:8 permanentemente pronuncian: «Santo, Santo, Santo».

Este conocido y amado himno, por cristianos de todo el mundo, estuvo en riesgo de perderse en el incógnito, en medio de los muchos papeles con escritos de himnos y poemas de Reginald Deber. Reginald escribió este poema de forma especial para ser usado el domingo de Trinidad, el cual se celebraba ocho semanas después de la semana santa. Ese domingo se reafirmaba la doctrina del Dios en tres personas.

Aunque el término trinidad no aparece en la Biblia, Reginald Deber conocía las Escrituras y las verdades eternas que enseñan la deidad de Cristo y del Espíritu Santo, así como la del Padre. Este poema hacía referencia a Isaías 6:1 al 5, y nos habla profundamente acerca de la santidad de Dios, un tema que le apasionaba mucho. En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

Entonces dije: !!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Reginald Deber murió de forma repentina a los 42 años. Durante su vida, compuso 57 himnos. Un día, su esposa encontró la letra de este himno y le pareció que debía ser llevado a la música, así que se lo entregó a un reconocido músico, que compuso la melodía del himno y lo preparó para ser publicado. El deseo que tenía de componer himnos nació como una respuesta a la decadencia en la adoración de su congregación, en la que muchos, simplemente, lo hacían por costumbre o tradición, pero sin realmente meditar en su significado.

Hasta ese momento, en su congregación, solo se usaba el salterio, es decir, un libro de coro que solo contenía los salmos. El nombre de la canción es un tributo al primer Concilio de Nicea, en el que 318 delegados se reunieron en el año 325 para afirmar la sublime verdad revelada en la Biblia, de que Dios existe en tres personas. Los delegados, en su mayoría, fueron torturados por su fe en Cristo. El credo que redactaron permanece como un baluarte de esta doctrina fundamental. A las voces de estos hombres convencidos y valientes, unamos las nuestras cantando «¡Santo!, ¡Santo!, ¡Santo!»