HIMNO: A DIOS, EL PADRE CELESTIAL

AUTOR: THOMAS KEN

Doxología es un término derivado del griego que significa “gloria” o “alabanza“.

 Tal vez ninguna estrofa ha sido más cantada en los círculos cristianos,  que esas cuatro líneas pequeñas de la Doxología que aquí reproducimos.

A Dios, el Padre celestial,
al Hijo nuestro Redentor,
al eternal Consolador
unidos todos alabad

Thomas Ken es el autor de este himno y, según Clint Bones en su libro “Nace un Himno”, Ken la escribió mientras ocupaba el puesto de capellán en la universidad de Westminster, en Inglaterra.

Thomas Ken, fue el hijo menor de su familia. Nació en Julio de 1637 en el Reino Unido.

A muy temprana edad tras la muerte de sus padres fue enviado por su hermana mayor a estudiar a la escuela Winchester.

Ken, con la ayuda de su cuñado, le fue posible graduarse en Westminster y seguir estudiando en Oxford por otro título.

 Nunca se le olvidó el mal comportamiento de sus condiscípulos en Westminster, y después de terminar su preparación para el ministerio, regresó a su alma máter como capellán.

Al estar otra vez allí, sintió más que nunca una carga por las almas de los jóvenes universitarios.

Procuró guiarlos en caminos de justicia y, para animarles a que alabaran al Señor, les escribió tres himnos.

 Uno era para cantar en la mañana, otro para alabar en la tarde, y el último para la noche. Cada uno terminaba con la famosa estrofa “A Dios el Padre Celestial”.

Después de salir de Westminster, el señor Ken aceptó el puesto de capellán del rey Carlos II.

 Pero el rey siguiente, Santiago II, lo metió a la cárcel por haberle hablado demasiado fuerte de su pecado.

La reina Ana le dio su libertad y le ofreció otra vez el cargo de capellán; pero él rehusó y se fue a servir al Señor en una sección rural.

Dado el carácter trinitario de la doxología final, se hizo bastante popular entre las iglesias protestantes, y aún hoy en día suele entonarse antes de los servicios religiosos en muchas iglesias.

La melodía con la que los hispanohablantes cantamos esta doxología, fue originalmente compuesta por Louis Bourgeois en 1551, y que se conoce como (El antiguo 100), por ser utilizada para entonar el salmo 100.

Thomas Ken pasó sus últimos días en la pobreza, y dicen que al morir, poseía únicamente un laúd y un caballo.

Falleció el 19 de marzo de 1711 y fue sepultado, mientras sus amigos entonaban el himno matutino compuesto por él.

Pasó a la eternidad para recibir el tesoro que ni la polilla ni el orín podrían corromper: su preciosa estrofa que hoy es cantada por millones de habitantes del mundo entero.

A continuación damos paso a la lectura del himno:

A Dios el Padre Celestial

 A Dios, el Padre celestial,
al Hijo nuestro Redentor,
al eternal Consolador
unidos todos alabad.
 Cantad al trino y uno Dios;
sus alabanzas entonad;
su eterna gloria proclamad
con gozo, gratitud y amor
.