HIMNO: ¡ALELUYA! CRISTO ME SALVÓ

AUTOR: JULIA HARRIETE JOHNSTON

Julia Harriette Johnston nació  el 21 de enero de1849 en Ohio , Estados Unidos, pero vivió la mayor parte de los primeros seis años de su vida en Gettysburg, Pensilvania, con sus padre el pastor presbiteriano Robert Johnston y su madre Jane Gray Waters Johnston,mientras su padre pastoreaba una iglesia allí.

A la edad de seis años se mudó con su familia a Peoria, Illinois, donde su padre era pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana en Peoria y su madre y su abuela eran poetas.

Se decía que era descendiente directa de Oliver Cromwell y William el Conquistador.

Julia Johnston fue  maestra, autora y músico presbiteriana , originalmente escribió versos con el seudónimo de «Juniata».

 Además de ser autor de cientos de himnos,  Julia Johnston trabajó como superintendente de escuela dominical y maestro durante más de cuarenta años y se desempeñó como presidente de la Sociedad Misionera Presbiteriana.

Falleció el 6 marzo de 1919, Peoria , Illinois.

 Julia Johnston también fue autora de varios libros sobre misiones cristianas y misioneros como:

También escribió la letra de más de 500 himnos entre los que se encuentran:

–Oh, Palabra inmutable

–Hay una una imagen brillante y justa

—-» Gracia mayor que todo nuestro pecado » Daniel Brink Towner escribió la música.

 En 1911, la canción se publicó con la letra del himno Probado y Verdadero. El himno describe la idea cristiana de la gracia y la justificación por la fe

y

–Aleluya, Cristo me salvó,

 himno que a continuación vamos a dar paso a su lectura  y que describe la dulce y bendita historia de la bondad de Dios para con el ser humano.

Oigan esta dulce historia del que vino de la gloria, para rescatar al mundo y vida dar.

Él por su bondad me libra de miseria y de castigo. ¡Aleluya! Cristo me salvó.

(CORO)

¡Aleluya!, que su nombre puede dar salud al hombre,

Levantarlo del pecado y la maldad.

Cuento hoy la dulce historia.

Canto: ¡Gloria, gloria, gloria! ¡Aleluya! Cristo me salvó.

Del abismo de tristeza para darme su riqueza, Cristo me sacó, mi paso enderezó.

Por su sangre, fui comprado y me siento transformado. ¡Aleluya! Cristo me salvó!

¡Oh, bendita y dulce historia! De su trono en la gloria, Cristo vino aquí, para salvarme a mí.
Soy trofeo de su gracia. Rescatóme su eficacia. ¡Aleluya! Cristo me salvó.

Más allá con grande gozo, en aquel lugar hermoso,

Con mi Cristo allá, donde él en gloria está, Cantaré por las edades,
su grandeza y sus verdades. ¡Aleluya! Cristo me salvó.