HIMNO: MAESTRO SE ENCRESPAN LAS AGUAS

AUTOR: MARY ANN BAKER

Mary Ann Baker nació en 1831 y falleció en 1921) fue una compositora y cantante estadounidense.

 Ella era un miembro activo de la congregación bautista, y es conocida por sus canciones de templanza.

Mary Ann Baker, tenía una historia incubándose muy dentro de ella, mientras se esforzaba emocional y espiritualmente. “Dios no se preocupa por mí. Esta particular manifestación de lo que llaman ‘Providencia divina’ es indigna de un Dios de amor”, llegó a decir Mary. “Siempre he tratado de creer en Cristo y me he consagrado a Él, pero esto es más de lo que puedo soportar». «¿Qué he hecho para merecer esto? o ¿qué he dejado de hacer para que Dios descargue su venganza sobre mí de esta manera? ¿Por qué ha sucedido esta tragedia? ¿Cómo puede un Dios de amor permitir estas cosas? ¡No es justo! ¿Por qué debo sentirme de esta manera?»

Estos fueron los gritos de sentimientos, que habríamos escuchado el año 1874 como consecuencia de su angustia.

 Probablemente toda esta escena no es desconocida para usted,  si ya usted ha perdido a alguien cuya vida se supone no debía terminar.

 Si, esto es así, ¿quiénes no han pasado por esto?  A continuación,  relatamos la historia de Mary Ann Baker y cómo se enfrentó a este duro golpe, a esta tormenta.

Mary Ann Baker vivía en la ciudad de Chicago, Illinois. Había crecido y vivido en esta ciudad, entregada al movimiento de  prohibición del alcohol.

Se puede decir de Mary Ann que se había comprometido para llevar una vida de pureza; trataba de vivir una «vida correcta», colocando a Dios en lo alto de su lista personal de tareas pendientes.

 Su hermano, que vivía con ella, enfermó de pronto de la misma enfermedad respiratoria de la que habían muerto sus padres.

 Para ayudar a su tratamiento, se mudaron al sur de los Estados Unidos, buscando un clima más benévolo.

 Todo parecía ir mejorando, pero cuando ella enfermó y no pudo estar con su hermano, la salud de este se tornó crítica; sorpresivamente, el joven empeoró y murió.

 Mary Ann  tenía 42 años cuando sufrió la pérdida de su hermano, su único hermano. Aunado a esta tragedia, su estado económico no le permitió siquiera reclamar el cuerpo de su hermano.

Uno puede entonces imaginar su corazón en busca de significado. Su querido hermano, un hombre que para ella era precioso y único en su carácter y potencial, se había ido.

 Fue entonces cuando se rebeló en espíritu, negando que el Dios que había obedecido desde niña fuera compasivo. Pero, en ese período de angustia, ella dice que Él respondió, convirtiéndose en el Dios de paz.

 El Dios de vida y amor comenzó a calmar las aguas turbulentas del corazón de esta dulce mujer.

 La fe no solo volvió, sino que floreció, dándole a conocer cosas “demasiado maravillosas” que no podría haber aprendido de otra manera.

En su recuperación, Mary Ann Baker recuerda que su colaborador, Horacio Palmer, le pidió que
compusiera las palabras de canciones que abordaran el tema de «Cristo calmando la tempestad», lo cual era el tema de las lecciones que se estaban enseñando en la escuela dominical de la iglesia.

 El resto, como ellos dicen, es historia. Su aflicción personal, una tempestad, tenía significado después de todo.

 De hecho, esta aflicción añadió profundidad y pureza de su fe, según ella misma declarara.  

Mary Ann Baker, debe haber atravesado por etapas en su tormenta, según las tres estrofas  que escribió para sus hermanos en la fe. Seguramente las estrofas de este himno son palabras para otros hermanos que también quieren respuestas, pero no tienen a quien acudir.

La primera estrofa  de Mary Ann Baker nos dice que es normal cuestionar a Cristo, para recordarnos que tenemos la tendencia a dudar cuando estamos siendo sacudidos por eventos que nos abofetean con severidad.

 Es notorio que eso es lo que necesitamos verdaderamente, para aferrarnos de la mano de nuestro Dios con más fuerza.

 La segunda estrofa nos dice que podríamos ceder y hundirnos profundamente, pero incluso entonces no sería demasiado tarde para clamar a Él.

 Sin embargo la tercera estrofa nos dice que la paciencia será recompensada.

Escuchemos la lectura de la letra del himno:

MAESTRO SE ENCRESPAN LAS AGUAS

Maestro, se encrespan las aguas, y ruge la tempestad,

los grandes abismos del cielo se llenan de obscuridad.

¿No ves que aquí perecemos? ¿puedes dormir así,

cuando el mar agitado nos abre profundo sepulcro aquí?

CORO:

Los vientos, las ondas oirán tu voz, «¡sea la paz!:

Calmas las iras del negro mar,

las luchas del alma las haces cesar,

y así la barquilla do va el Señor

hundirse no puede en el mar traidor.

Doquier se cumple su voluntad:

«¡Sea la paz! ¡sea la paz!»

tu voz resuena en la inmensidad: «¡Sea la paz!»

Maestro, mi ser angustiado te busca con ansiedad,
de mi alma en los antros profundos se libra cruel tempestad;
pasa el pecado a torrentes sobre mi frágil ser,
y perezco, perezco, Maestro, ¡oh, quiéreme socorrer!

Maestro, pasó la tormenta, los vientos no rugen ya,
y sobre el cristal de las aguas el sol resplandecerá.
Maestro, prolonga esta calma, no me abandones más:
Cruzaré los abismos contigo, gozando bendita paz.