HIMNO: OBREROS EN LA MIES DE CRISTO

AUTOR: JAMES MC GRANAHAN

El Señor Jesucristo, viendo la necesidad en la obra misionera, dijo: “A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).

 La ilustración de la siembra y la cosecha es usada ampliamente en las Escrituras para hablarnos de la obra del Señor y, especialmente, encajaría de una manera perfecta
en la historia del autor y compositor de himnos
James Mc Granahan.

. Obreros en la mies de Cristo,
el campo blanco está;
y para la cosecha listos,
tomad aliento ya.

Aquellos que esperan al Señor
nuevas fuerzas tendrán.
Se levantarán con alas,
con alas cual las águilas.
 Correrán y no se cansarán,
 sin fatiga han de andar.
 Correrán y no se cansarán,
 sin fatiga han de andar.
 Correrán y no se cansarán,
 sin fatiga han de andar.

2. Orando siempre y trabajando,
y con creciente ardor,
seguid sembrando y esperando;
no es en vano en el Señor.

3. Los que con lágrimas sembraron,
con gozo segarán;
semilla de valor llevaron,
sus frutos traerán.

James nació el 4 de julio de 1840 en Pensilvania, Estados Unidos. Era hijo de George McGranahan y Jane Blair.

 Su niñez y juventud la pasó en la granja de la familia ayudando en las diferentes actividades de la siembra y cosecha. Conoció a Cristo como Salvador en su temprana edad.

Tenía talento musical por lo que su padre lo envió a una escuela de música con el deseo de que aprendiera más, aunque esto no era con la intención de que su hijo tomara esta profesión de por vida.

 Su talento y conocimiento fueron creciendo al punto que James sintió el deseo de profundizar más en sus estudios. Después de mucha persuasión (y de encontrar a alguien que tomara su responsabilidad en la granja) pudo conseguir el permiso de su padre para continuar con su carrera musical. Poco sabía su papá que Dios estaba usando todo esto para preparar Su instrumento para la obra misionera.

Durante sus estudios universitarios James se destacó por una singular voz de tenor.

Sus maestros le animaron para que se entrenara como cantante de ópera. Su voz, y un poco más de práctica, le llevarían a un éxito seguro.

 Fama y dinero hacían esta ambición más atractiva todavía.

Un amigo suyo, el escritor y compositor de himnos Philip  Bliss, estaba preocupado por James.

 Sabía que su amigo estaba frente a una encrucijada en su vida.

Su decisión marcaría el curso de su carrera.

 ¿Qué era más importante: ganar fama como cantante de ópera o utilizar sus talentos para la obra del Señor?

 Philip acompañaba al evangelista Daniel Whittle en sus campañas de predicación del evangelio y había sido utilizado grandemente en alcanzar almas para Cristo.

 En su servicio Philip había aprendido el gozo que da ver un pecador que se arrepiente y confía en Cristo como Salvador y quería que James también pudiera experimentar este mismo gozo.

Para diciembre de 1876 Philip se sentía empujado a escribir una carta  a James.

Philip sabía del trasfondo agricultor que tenía James, y con el cual estaba muy familiarizado, por lo que comenzó comparando la preparación que James había tenido en la música con un agricultor que afilaba su oz para prepararse para la cosecha.

 Finalmente, Philip terminó su carta con estas palabras: “¡Deja de afilar tu oz y sal al campo para segar para el Maestro!”

Las palabras de esta carta golpearon como un martillo el corazón de James, tanto que no podía dejar de pensar en esto: “sal al campo para segar para el Maestro”.

 Una semana después de recibir la carta James recibió la triste noticia de que su amigo Philip había fallecido en un incendio de tren producto de un accidente, cuando se dirigía a Chicago para continuar con una serie de predicación del evangelio.

James fue al lugar del accidente donde se encontró y conoció por primera vez al evangelista Daniel Whittle, a quien Philip había acompañado por años en sus predicaciones.

 Cuando el evangelista Whittle vio a James sus pensamientos fueron: “Aquí, parado al lado mío, está la persona que Philip había escogido como su sucesor”.

James y Daniel regresaron a Chicago juntos, hablando todo el camino.

La carta, la muerte de Philip y la conversación con el evangelista, fueron suficientes para confirmar el llamado que Dios le estaba haciendo a James de abandonar sus ambiciones de cantar ópera y “salir al campo para segar para el Maestro”.

El mundo de la ópera perdió una estrella, pero el Señor usó grandemente los talentos de este hombre en la propagación del evangelio. James fue conocido como todo un caballero cristiano, modesto y grandemente hospitalario.

Murió el 9 de julio de 1907 dejando un gran legado de himnos y música que siguen usándose hasta el día de hoy.

Entre ellos se encuentran: