AUTOR: MARTIN RINKART

HIMNO: A TI GLORIOSO DIOS //  DE  BOCA  Y  CORAZÓN

Martin Rinkart nació en Eilenburg, Alemania el 23 de Abril 1586. Estudió Teología en la Universidad de Leipzig y posteriormente en los años 1610 y 1611 enseñó en Mansfeld, además de ser el director del coro en la iglesia.

Una vez terminados sus estudios regresó a su ciudad natal donde primero fue nombrado diácono y en 1613 fue llamado a la labor pastoral de Erdeborn donde permaneció 4 años.

En 1917 Rinkart fue llamado  a su ciudad natal como archidiácono, donde predicó hasta su muerte sobre(el catecismo), la explicación de la doctrina cristiana.

La mayor parte de su vida estuvo marcada por los horrores de la guerra de los treinta años y la peste. Debido a que su ciudad estaba rodeada por una muralla, sirvió de asilo para refugiados de sus alrededores.

La sobre población trajo el hambre y la enfermedad, situación que agravó con la peste negra que en 1637 azotó grandemente a Eilenburg.

Ese año, Martin tuvo que oficiar el funeral de los dos clérigos del pueblo, por lo que durante un tiempo él fue la única figura religiosa en el lugar.

 En los días más difíciles tuvo que oficiar hasta 50 funerales por día, y en total más de 4000, incluyendo el de su primer esposa.

 La mortandad cobró la vida de más de ocho mil personas en Eilenburg, por lo que finalmente fue necesario enterrar a las personas en fosas comunes, sin servicio religioso ni ceremonia alguna.

Después de todo este sufrimiento, se les volvió a imponer al infeliz pueblo un tributo de 30.000 dólares. 

Rinckart se aventuró al campamento para suplicar misericordia al general, y cuando fue rechazada, se volvió hacia los ciudadanos que lo seguían y les dijo: «Vengan, hijos míos, no podemos encontrar oídos, ni misericordia con los hombres, refugiémonos en Dios.» Cayó de rodillas y oró con tal conmovedora seriedad que el general sueco cedió y bajó su demanda por fin a 2.000 florines. Tan grandes fueron las pérdidas y las obras de caridad de Rinckart que tuvo la mayor dificultad para encontrar pan y ropa para sus hijos, y se vio obligado a hipotecar sus ingresos futuros durante varios años.

De acuerdo a los registros existentes, fue durante esta época, en 1636, que Rinkart publicó por primera vez el himno; Ahora agradeced todo a Dios.

 También escribió algunos más  hablando de los dolores de su país, pero todos respirando el mismo espíritu de confianza ilimitada y disposición para dar gracias.

Este es un himno de alabanza a Dios y agradecimiento, que contrasta con la trágica realidad del contexto en el que fue escrito, y muestra así la actitud del autor, quien a pesar de las dificultades, se mantiene inmutable en su alabanza al Creador.

Martin Rinkart escribió muchos otros himnos y libros, muchos de los cuales se perdieron, siendo el himno: A ti glorioso Dios el único fragmento de su obra que trascendió y  que se dio a conocer.

Los últimos años de su vida sufrió la persecución de las autoridades civiles de su pueblo.

 El intenso trabajo y tragedias le hicieron envejecer prematuramente.

Entregó buena parte de sus pertenencias para ayudar a los más necesitados, por lo que falleció siendo pobre, en su amada Eilenburg, el 8 de Diciembre de 1649.

Se conserva una placa conmemorativa a Martin Rinkart en la casa donde residió.

 El himno “A ti glorioso Dios” fue publicado por primera vez junto a la melodía con la que se conoce en la actualidad en 1648, en la colección de cantos: Práctica de la Piedad en la Canción, editado por Johann Crüger, un conocido compositor de melodías para himnos en Alemania, a quien se atribuye la melodía y que su vida  se vio tambien severamente afectada por las calamidades de su época

Las últimas modificaciones significativas fueron hechas por Felix Mendelssohn en 1840, quien cambió ligeramente la línea melódica y la armonizó (añadió acordes).

 Este himno fue traducido al español con el título “A ti glorioso Dios” por Walton Brown en 1961, y como «De boca y corazón» por Federico Fliedner.

Letra del himno; A ti glorioso Dios

A ti, glorioso Dios,
Cantamos alabanzas;
Rendímoste honor
Por todas tus grandezas.
Nos das tu bendición
En nuestra senda aquí;
Nos guiarás, Señor,
A tu mansión allí.


Ven siempre, oh gran Dios,
Muy cerca de nosotros;
Con celo y con fervor
Queremos ir a otros.
Tu brazo protector
Del mal nos guardará;
En lucha y aflicción
Consuelo nos será.


Oh Padre, eterno Dios,
Cantámoste loores,
Y al Hijo Redentor,
Señor de los señores,
Y al Santo Espíritu,
El gran Consolador:
Al grande, trino Dios
Cantamos con fervor.