AUTOR: PAUL GERHARDT

HIMNO: CABEZA ENSANGRENTADA

Paul Gerhardt nació el 12 de marzo de 1607 en el Electorado de Sajonia, fue el segundo de cuatro hijos. Asistió a la escuela pública donde adquirió conocimientos de latín y de canto coral.

Al igual que muchas familias en Sajonia, la familia Gerhardt padeció hambre, epidemias y maltratos por parte de los soldados a causa de la Guerra de los Treinta Años.

El autor reformado Gerhardt escribió un himno alemán donde se refería a la cabeza de Cristo maltratada durante la Pasión.

 En 1656, Johann Crüger lo incluyó en un himnario y, a partir de entonces, el texto no dejaría de formar parte de colecciones de himnos sagrados.  Incluso Juan Sebastian Bach lo convertiría en una de sus piezas más conocidas.

El himno no cae en el tremendismo propio de la Edad Media y todavía más del Barroco, sino que reflexiona de manera conmovedora en el coste de la redención.

  Posiblemente, bastaría con contemplar el rostro de Jesús para comprender no pocas lecciones de teología.

Que un inocente muriera sin culpa, que al sufrimiento físico se sumara el espiritual, que así tuviera que ser porque sólo alguien como Jesús podía expiar los pecados son algunas de las conclusiones a las que habríamos llegado si hubiéramos podido contemplar aquella cabeza ensangrentada.

Frente a ella, en realidad, sólo caben dos opciones:
el rechazo o la sumisión.

El rechazo lo protagonizaron aquellos que veían a Jesús clavado en la cruz o el ladrón que se burlaba de él; la sumisión estuvo en aquellos que entendieron que el perdón del pecado exigía el sacrificio de aquel que no tenía culpa alguna, comprendieron sus culpas y sus pecados y suplicaron,
como el ladrón arrepentido, que los recordaran cuando estuviera en su Reino
.

Eso es precisamente lo que se desprende de este conmovedor himno.

El alemán Federico Fliedner, uno de los primeros misioneros evangélicos en España, fue el que tradujo el himno al español.

El himnario alemán evangélico actual de (1993) incluye 26 himnos de Gerhardt. Muchas personalidades de la historia de la Iglesia y del espíritu han sido impactados por Paul Gerhardt y han dado testimonio de ello, hasta en nuestros días.

Los himnos de Gerhardt fueron importantes en la vida de Dietrich Bonhoeffer (1906-1945). Se ha de mencionar especialmente que Bonhoeffer encontró en ellos consuelo durante su cautividad en la primavera de 1943.

En 1667 apareció una primera edición completa de sus textos de himnos bajo el nombre de “oficios espirituales”. En esa época murió su esposa Anna María, el 5 de marzo.

Gerhardt falleció a los 70 años, el 27 de mayo de 1676, en su vivienda parroquial de Lübben. El 7 de junio de 1676 fue enterrado en la iglesia en la que había trabajado los últimos años de su vida y que desde 1930 lleva su nombre.

Aunque Paul Gerhardt pertenece a una época espiritual y poética que nos puede parecer lejana a nosotros, sigue vivo entre nosotros a través de sus obras.

Cabeza ensangrentada,
cubierta de sudor,
de espinas coronada
y llena de dolor.
¡Oh celestial cabeza,
tan maltratada aquí,
de sin igual belleza,
yo te saludo a Ti!

Te admiro rostro herido,
espejo de bondad,
aunque en Ti han escupido
con infernal maldad.
¿Quién se atrevió, mi vida,
con loco frenesí
y saña fratricida
a escarnecerte así?

Cubrió tu noble frente
la palidez mortal,
cual velo transparente,
de tu sufrir señal.
Cerrose aquella boca,
la lengua enmudeció;
la fría muerte toca
al que la vida dio.
Señor, lo que has llevado
yo sólo merecí;
la culpa que has pagado
al Juez, yo la debí.
Mas mírame; confío
en tu cruz y pasión;
otórgame, bien mío,
perf