ACEPTANDO LA VOLUNTAD DE DIOS

ACEPTANDO LA VOLUNTAD DE DIOS

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¡Aceptando la voluntad de Dios!

Cada verdadero seguidor de Jesucristo

dice que quiere hacer la voluntad de Dios.

Pero la mayoría de los cristianos piensan que la voluntad de Dios,

es algo que se le impone – algo de mal gusto y difícil,

lo cual están obligados a hacer.

La perfecta voluntad de Dios es un asunto de gran importancia para todos
aquellosque dicen amar al Señor.

y existe una vasta diferencia entre someterse

a la voluntad de Dios y aceptar su voluntad.

Someterse significa “sujetarse a”

o “rendirse a condiciones impuestas.”

A menudo, uno piensa en someterse

en términos de castigo o disciplina.

Tristemente, muchos cristianos ven la voluntad

de Dios de esta manera.

Se imaginan a Dios como demandando que se rindan

a un grupo de reglas y condiciones:

“¡Hazlo a mi manera, o te desamparo!”

¡Cuán equivocados están!

Cuan diferente de nuestro hermoso salvador

es esta manera de pensar.

¡Lo cierto es, que cuando un creyente conoce la gloria

de hacer la perfecta voluntad del Señor,

él la aceptara con gozo y esperanza!

Aceptar significa, “tomar, como en los brazos”

presionar a tu pecho como en una expresión de amor y afecto.

Sin embargo, el triste hecho es, que muy pocos cristianos

aceptan la perfecta voluntad de Dios.

Quizás estés pensando,

“la perfecta voluntad de Dios me ha pasado por alto.

Mi vida es una casualidad – no tiene forma ni orden.

¡No! puedes estar seguro que Dios tiene un plan y voluntad
absoluta y perfecta para cada uno de sus hijos.

Él no deja ninguna vida a la casualidad.

De hecho, él quiere ordenar cada uno de tus pasos

todos los días de tu vida aquí en la tierra.

¡Y Él desea que tú entres en su plan y voluntad para ti hoy!

La hermosa voluntad de Dios no es solamente

para ministros o santos profundamente espirituales,

sino para todos sus hijos.

El Nuevo Testamento nos exhorta:

“Para no vivir el tiempo que resta en la carne,

conforme a las pasiones humanas,

sino conforme a la voluntad de Dios.”

(1 Pedro 4:2).

“os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad,

haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él…”

(Hebreos 13:21).

Los apóstoles tuvieron un solo deseo para todas las iglesias

que cada miembro supiera la voluntad perfecta de Dios

para sus vidas y la aceptara.

Pablo escribió acerca de un hermano llamado Epafras:

“el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo.

…él siempre ruega encarecidamente por vosotros en sus oraciones,

para que estéis firmes, perfectos y completos

en todo lo que Dios quiere.”

(Colosenses 4:12).

Epafras sabía que Dios tenía una voluntad especial

para cada uno en la congregación.

y él sabía que si ellos entraban en la voluntad del Señor,

encontrarían gozo, y cada una de sus necesidades suplidas.

Es muy fácil para cualquiera decir,

“¡Si, yo quiero la perfecta voluntad de Dios en mi vida!”

Pero lo cierto es, que ningún creyente entra a su voluntad

sin una gran lucha.

La perfecta voluntad de Dios es aceptada

o abrazada solo en Getsemaní

y Jesús nos dio el ejemplo.

¡Simplemente no puedes aceptar la voluntad de Dios

hasta que mueras a toda voluntad propia!

Fue profetizado de Jesús desde el principio que él

vendría a la tierra por un propósito eterno:

a cumplir la voluntad del Padre.

“He aquí, vengo, Dios, para hacer tu voluntad,

como en el rollo del libro está escrito de mí”

(Hebreos 10:7).

Cristo les dijo a sus discípulos:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me

envió y que acabe su obra.”

(Juan 4:34).

“… porque no busco mi voluntad,

sino la voluntad del Padre, que me envió.”

(Juan 5:30)

“He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,

sino la voluntad del que me envió.”

(Juan 6:38).

No hubo un momento en la vida de Jesús

cuando él no estaba consciente que su propósito en la tierra

era hacer la voluntad del Padre.

Esto debe ser cierto de nosotros también

que en cada hora del día busquemos hacer su voluntad.

El hecho es, que ya no nos pertenecemos;

fuimos comprados con un precio.

¡Y como Jesús, fuimos creados para hacer

la perfecta voluntad del Padre!

Pero, no importa cuán espiritual seas

o cuánto tiempo hayas caminado con Jesús,

llegará un tiempo cuando tengas que decidir

de una vez por todas cual voluntad prevalecerá en tu vida:

La tuya – o la del Padre.

Jesús tuvo que enfrentar esa hora.

Él sabía que tenía un llamado eterno y divino.

Pero él también era humano. ¡Y fue probado grandemente!

Cuando llego esa hora para Cristo,

él vio ante sí el doloroso precio de aceptar

la perfecta voluntad del Padre.

Significaba caminar directamente,

a las mandíbulas de la muerte

a un dolor indescriptible y desconocido,

y él se dispuso a ello

“Mi alma está muy triste, hasta la muerte;”

(Mateo 26:38).

“Lleno de angustia… y era su sudor como grandes gotas de sangre

que caían hasta la tierra.”

(Lucas 22:44).

¡La misma carne de Jesús comenzó a temblar!

Pero cuando él se levantó de esa lucha,

su alma fue inundada de éxtasis.

Había algo en el de gloria eterna – porque algo fue arreglado:

¡Su propia voluntad quedó muerta para siempre!

Nuestro señor fue a la cruz con pleno gozo

porque él ya estaba muerto.

Él murió a todo lo que era su humanidad.

y él pudo decir,

“Padre, no vine aquí a vivir una vida fácil.

Vine a entregarme para ti.

Ahora enfrento el precio

¡Y lo acepto!”

Jesús se aferró a la voluntad del padre con un afecto que lo levanto por
encima de todos los sufrimientos que le esperaban.

Ningún hombre o demonio lo podía tocar.

¡Y ahora el anticipaba ansiosamente

la gloria que sería de su Padre!

Si nosotros hemos de ser como Cristo,

También tendremos nuestro Getsemaní cuando seamos enfrentados

a movernos, a la perfecta voluntad de Dios.

A veces hemos testificado por años:

“Estoy aquí en la tierra solamente para hacer la voluntad de Dios. ¡Obedeceré!”

Pero entonces un día llegas cara a cara con una crisis de vida o muerte,

más allá de cualquier cosa que hayas conocido.

Es un lugar donde escoger la voluntad de Dios

puede ser la decisión más dolorosa y difícil que hayas enfrentado.

Al final tienes tres opciones:

  1. puedes correr. (huir)

  1. puedes hacer nada, y seguir el camino de la voluntad propia.
  2. o puedes hacerlo a la manera de Dios,

la manera difícil, el camino de la muerte.

la manera del señor casi siempre parece dolorosa

y sin esperanza, y aceptarla puede significar morir

a todo lo que esperabas en la carne.

¡Hacer la voluntad de Dios puede requerir

caminar directamente hacia un horno ardiente!

Considera los tres jóvenes hebreos Sadrac, Mesac y Abed-nego.

Eran hombres jóvenes en la flor de su vida:

líderes de provincias, teniendo autoridad,

expertos en lingüísticas.

Su meta era llevar las leyes hebreas de moralidad

a su sociedad impía.

¡No se puede contar que sueños ellos compartían por la gloria de Dios!

pero fueron mandados por decreto a adorar un ídolo con el resto del pueblo.

Ellos fueron advertidos: “ustedes tienen veinticuatro horas.

¡Si no se postran al sonido de la trompeta, serán echados en el horno

que ha sido calentado siete veces más!”

La voluntad de Dios estaba muy clara para ellos:

¡no era posible que se postraran!

pero allí estaban, tres jóvenes brillantes

enfrentando la muerte de todo lo que conocían.

Por supuesto que tenían opciones. Ellos pudieron decir:

¡Postraremos solo nuestros cuerpos

pero no nuestros corazones!”

O pudieron escapar.

Ellos tenían guardas armadas a sus órdenes,

los mejores caballos árabes a su disposición.

Ellos tenían todo el dinero que necesitaban en sus manos,

en la tesorería nacional.

Y había lugares seguros en países cercanos.

Pero Sadrac, Mesac y Abed-nego

no hicieron ningunas de estas cosas.

Al contrario, ¡velaron en oración!

Esa noche fue de compromiso hicieron lo que Jesús hizo:

¡Tuvieron su Getsemaní!

Murieron a su propia voluntad

a todas sus habilidades,

a su futuro en el gobierno,

a todos sus planes piadosos.

¡Y en el momento en que murieron esa noche,

sus corazones fueron llenos de éxtasis!

Abrazaron la voluntad de Dios, amándola, nunca la soltarían.

Ellos dijeron, “¡o, Dios, enfrentaremos lo que sea!

Tú eres capaz de librarnos de esto – pero aunque no lo hagas,

¡con gusto pasaremos por ello!”

Ellos no resistieron cuando los soldados vinieron a la mañana siguiente

y los ataron de manos y pies.

Más bien, yo creo que mientras esos jóvenes eran llevados al

horno, cantaron alabanzas a Dios.

¡Porque habían entrado al éxtasis de su perfecta voluntad!

Amigo oyente, detente y mira las llamas ardientes y blancas

de ese horno calentado siete veces:

¡Así es exactamente como se ve cuando miras atentamente

a la perfecta voluntad de dios!

Es angustioso, espantoso y doloroso para la carne,

sin ninguna promesa de aplazo.

y solo hay una invitación:

“¡Entra!”

Sin embargo, cuando esos tres hombres hebreos fueron echados en el horno,
¡ya ellos estaban muertos!

Muertos a la ambición, muertos al gozo de escuchar los mensajes proféticos
que Daniel había compartido, muertos a cualquier pensamiento de esposas

e hijos, muertos a toda esperanza y sueños.

Solo una cosa les importaba:

¡obedecer la perfecta voluntad de Dios!

Cuando abrazas gustosamente la voluntad de Dios

cuando realmente has muerto al yo algo es librado en tu corazón

que nadie puede explicar o darte.

Te pone más allá del alcance de los hombres y los demonios.

¡Pero no es soltado hasta que entres al horno!

¡Una gloria maravillosa espera al alma que abraza la voluntad de dios!

La puerta del horno representa cruzar al otro lado,

a la perfecta voluntad de dios.

En este lado de la puerta hay un ejército de enemigos

que se mofan, visiones de dolor y sufrimiento.

Los demonios te gritan: ¡Dios no espera esto de ti! él te ama.

¿No dijo el que te daría los deseos de tu corazón?

¡Te has convertido en un fanático!”

Pero una vez que cruzas la línea y abrazas la voluntad de Dios,

sucede algo increíble:

¡Jesús se manifiesta en tu vida!

Cuando los jóvenes hebreos estaban dentro del horno,

Jesús estaba esperando allí.

Él no se revelo inmediatamente

Porque primero ellos tenían que decidir abrazar su voluntad.

Pero cuando ellos la abrazaron y murieron a su propia voluntad,

Jesús se les manifestó.

Y lo que ellos pensaron que eran carbones dolorosos se volvieron en pastos verdes
y brisas suaves ¡porque Jesús había ido antes que ellos!

En el mismo momento que entras al horno

cuando cruzas al otro lado y abrazas la voluntad de Dios

darás la vuelta y veras a Jesús.

Él estará allí en una manifestación

que no podrás tener de ninguna otra manera.

Y Él hará tres cosas para ti:

  1. Primero, él se convertirá en todo en tu vida.

él será tu gozo, tu expectación.

él tocara ese lugar en tu corazón

que ninguna persona en la tierra puede tocar.

Yo amo a mi esposa e hijos.

El amor, compasión y amistad que recibo de ellos es un gozo para mí.

Pero solo hay un éxtasis en mi vida solo una persona que puede suplir

las necesidades más profundas en mí – y ese es mi Señor.

¡Y yo también lo he conocido en el horno!

  1. la otra cosa que Jesús hará,

será despojarte de todas tus ataduras.

Cuando Sadrac, Mesac y Abed-nego entraron al horno,

entraron en una liberación:

Cada atadura fue rota, cada herida fue sanada,

cada temor desvaneció – ¡porque Jesús entro rápidamente!

“estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego,

cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente.

Entonces el rey Nabucodonosor se espantó,

se levantó apresuradamente y dijo…

yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio

del fuego sin sufrir ningún daño;

y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de los dioses.”

(Daniel 3:23-25).

El rey vio a cuatro hombres

caminando, hablando y abrazándose.

los tres hombres jóvenes eran abrazados – ¡por Jesús!

¿Sientes dolor? ¿Sabes cómo sanarte?

no sucederá simplemente porque dios manda a alguien

que te entienda – porque nadie te entiende como Jesús.

¡No, el único que puede satisfacerte completamente es jesús mismo!
ya sea que sientas vacío, soledad o cualquier otra cosa.

¡Cuando entras al horno de su voluntad,

todas tus ataduras caerán!

Y finalmente, recibirás un llamado

a predicar a Cristo a las naciones.

Cuando los tres jóvenes hebreos entraron al horno,

les llego un llamado que no pudo llegar de ninguna otra forma:

“entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente, y dijo:
… siervos del Dios altísimo, salid y venid.

y Nabucodonosor dijo: «bendito sea el Dios de Sadrac,

Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos

que confiaron en él, los cuales no cumplieron el edicto del rey

y entregaron sus cuerpos antes que servir

y adorar a otro dios que su Dios.

“Por lo tanto, decreto que todo pueblo,

nación o lengua que diga blasfemia contra

(su) Dios… sea descuartizado, y su casa convertida en estercolero;

por cuanto no hay Dios que pueda librar

como este». (Daniel 3:26-30).

¡Mira cuán rápido Dios cambió la atmósfera,

en tan corto tiempo – de mofa, a maravilla,

a un llamado a que el evangelio sea escuchado!

Amigo, ¡esto es lo que va suceder en los últimos días!

la gente no se volverá a predicadores de renombre.

¡En vez de eso, miraran hacia los santos sencillos

y humildes quienes se han sometido por entero,

a la perfecta voluntad de Dios!

Estos son los que han conocido el corazón de Jesús.

Ellos han salido del horno después de haber estado con Cristo

y la gente se reunirá a su alrededor, diciendo: “por favor, háblame.

¡Veo que estas entregando tu cuerpo y alma a Jesús,

y quiero saber más de eso!”

Finalmente, hacer la perfecta voluntad de Dios a veces

requiere volver a una situación familiar

de la cual estuvimos corriendo.

Puede que estés en una situación familiar

que parezca sin esperanzas.

Has clamado,

“Señor, no puedo más ¡yo sé que no esperas esto de mí!”

Piensas que no puedes soportar más tiempo

y si todavía no has echado a correr,

probablemente sientes deseos de hacerlo.

¡Pero correr, nunca es el plan de Dios!

Jacob tenía una terrible situación familiar.

Era más de lo que él podía soportar

de hecho, amenazaba su vida.

Él le había robado la primogenitura a Esaú

y lo había airado hasta el punto de asesinato.

¿Cómo fue que Jacob manejo este problema?

¡Él huyó de todo! el no tuvo un Getsemaní

el no murió al yo ni le pregunto a Dios que debía hacer.

En vez de eso, Jacob escuchó la voz de su carne

esto es, a su madre, Rebeca, quien dijo:

“…hijo mío, obedece a mi voz: levántate y huye…”

(Génesis 27:43).

Jacob corrió por veinte años

y fueron veinte años de dolor y problemas.

Finalmente, Dios le dijo que era tiempo de enfrentar todo: “…

Levántate ahora y sal de esta tierra;

vuélvete a la tierra donde naciste».

Dios estaba diciendo:

“Jacob, nunca vas a conocer mi plenitud

hasta que vuelvas y enfrentes este problema.

¡Ve – entra al horno!”

Jacob viajó con su familia para arreglar las cosas

¿y qué crees que fue lo primero que vio?

A Esaú, saliendo a encontrarse con él en el desierto

¡con cuatrocientos soldados airados, listos para la venganza!

Jacob gritó:

“¡Señor, necesito un milagro!

Tienes que cambiar el corazón de mi hermano.

¡Quítale el odio hacia mí!”

Jacob tenía temor e ira en su corazón hacia Dios

¡porque solo se había sometido a la voluntad de Dios!

Él estaba diciendo:

“Señor, he dispuesto mi corazón a obedecerte

¡pero las cosas no están saliendo bien!”

Quizás las cosas no están bien en tu familia.

¿Tienes un esposo alcohólico,

una esposa que no te entiende,

problemas financieros?

Esas son las mismas cosas que Esaú y su ejército representan cada dolor, cada argumento de la carne,

cada razón que tu mente puede darte porque no puedes

enfrentar esta situación sin esperanzas.

El diablo te dice:

“Has obedecido a Dios, has hecho bien

¡pero nada ha cambiado! el corazón de tu ser querido

sigue endurecido – de hecho, esta peor.

Si no corres ahora, ¡pasaras el resto de tu vida en un infierno!”

Lo cierto es que no puedes continuar

si tan solo te vas a someter.

Pero puedes seguir si haces como Jacob:

Él tuvo un Getsemaní – ¡una noche de muerte!

yo sé lo que Jacob oró esa noche

porque yo he hecho esa oración:

“O Dios, esta situación es demasiado para mí.

He manipulado y tratado de hacer que sucedan cosas.

¡Pero estoy cansado de hacer las cosas a mi manera!

No puedo seguir corriendo,

Señor quiero que mi vida este bien contigo.

Esaú puede matarme a mí y a mi familia

puede quitarme todo lo que tengo.

¡Pero prefiero estar contigo en la gloria

que pasar otro día viviendo de esta manera!”

Esa noche, Jacob murió.

Dios lo hirió para que no huyera más.

Él solo podía cojear al futuro,

totalmente dependiendo del Señor.

Pero paso otra cosa también:

Un gozo indescriptible lleno su alma.

Y yo creo que cuando Jacob cruzo el riachuelo

para encontrarse con Esaú temprano en la mañana,

¡él estaba absolutamente libre de temor!

Tú también puedes estar enfrentando un Esaú.

Tú piensas:

¿Quiere decir que mi esposo nunca cambiara

que nada en mi vida va a mejorar?”

No – ¡Dios cambió a Esaú! él le sacó el corazón de piedra.

Cuando Esaú se encontró con Jacob, el cayó sobre su hermano,

besándolo y abrazándolo.

¡Había completa paz!

Querido santo, no temas entrar al horno.

Mientras tengas la paz de Jesús

y la perfecta voluntad de Dios,

puedes soportar cualquier cosa,

en cualquier lugar,

en cualquier momento.

Puede que tus circunstancias no cambien,

¡pero tú cambiaras!

JEsús llenara tu alma de gozo

y sanara todas tus heridas y dolor.

Tu vida será llena, bendecida – ¡porque Él será todo para ti!

No tienes que correr.

Solo necesitas mirarlo a Él

y abrazar su perfecta voluntad para ti.

El mundo pasa, y sus deseos;

pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.