En esta cultura obsesionada con los famosos, es de esperar que los empresarios comercialicen «a las celebridades como si fueran productos […] y vendan su tiempo personal y su atención». Según un artículo, por 15.000 dólares, puedes tener un encuentro personal con la cantante Shakira, y con 12.000 dólares, tú y once invitados pueden almorzar con el famoso chef Michael Chiarello.
Aunque muchos trataban a Jesús como una celebridad al seguirlo, escuchar sus enseñanzas, observar sus milagros y buscar su toque sanador, Él nunca se mostró engreído ni distante; todos podías acceder a Él siempre. Cuando sus seguidores Jacobo y Juan competían por una posición en su reino venidero, Jesús les recordó a sus discípulos: «el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos» (Marcos 10:43-44).
Poco después, Jesús demoró a la procesión que lo seguía para preguntarle a un mendigo ciego: «¿Qué quieres que te haga?» (v. 51). «Maestro, que recobre la vista», respondió el hombre. De inmediato, recuperó la vista y empezó a seguir a Jesús (v. 52).
Nuestro Señor «no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (v. 45). Que, al igual que Él, podamos ser compasivos y estar a disposición de otros hoy.