Hace poco, en un viaje a Nueva York, mi esposa y yo queríamos desafiar una noche con nieve y contratar un taxi para que nos llevara del hotel a un restaurante cubano. Después de ingresar los datos en la aplicación del servicio de taxis, tragué fuerte cuando vi en la pantalla el precio de nuestro corto paseo de unos cinco kilómetros: 1.547 dólares. Cuando me recuperé del susto, me di cuenta de que, por error, ¡había pedido un viaje a nuestra casa, a varios cientos de kilómetros de distancia!
Si uno trabaja con la información equivocada, los resultados serán desastrosos. Siempre. Por eso, Proverbios nos exhorta: «Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría» (23:12). Si buscamos consejo de personas necias, de aquellos que pretenden saber más de lo que saben y que le han dado la espalda a Dios, estaremos en problemas. El necio «menospreciará la prudencia» (v. 9) y nos hará desviar con consejos inútiles, equivocados e, incluso, engañosos.
En cambio, podemos inclinar nuestros «oídos a las palabras de sabiduría» (v. 12); abrir nuestro corazón y recibir las instrucciones liberadoras de Dios, sus palabras de esclarecimiento y esperanza. Escuchar a aquellos que conocen profundamente al Señor nos ayudará a recibir y seguir la sabiduría divina.