Muchas familias tienen recetas secretas; una forma especial de preparar una comida que la hace particularmente sabrosa. Los hakkas, mi etnia china, tenemos un plato tradicional llamado «cuentas de ábaco», por su parecido con dichas cuentas. ¡No puedes dejar de probarlo!
Por supuesto, mi abuela tenía la mejor receta. Cada vez que celebrábamos el año nuevo, nos decíamos: «Deberíamos aprender a preparar esto»; pero nunca le pedíamos a la abuela que nos enseñara. Ahora, ella ya no está, y su receta secreta se fue con ella.
Aunque lamentamos no tener a la abuela ni su receta, algo mucho peor sería no conservar el legado de fe que ella nos dejó. Dios espera que cada generación comparta con la siguiente sus poderosas obras. «Generación a generación celebrará tus obras» (Salmo 145:4), expresó el salmista, haciendo eco de las instrucciones de Moisés: «Acuérdate de los tiempos antiguos […]; pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán» (Deuteronomio 32:7).
Al compartir nuestras historias de cómo fuimos salvos y de la ayuda del Señor para enfrentar los desafíos, nos alentamos unos a otros y lo honramos a Él. Su propósito es que disfrutemos de la familia y la comunidad, y que nos ayudemos mutuamente.