«Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Ap. ‭2:9-10‬).

Nuestra fe será probada como el oro, esto es una verdad de Dios respaldada por su palabra en (1 P.1:7) «para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo». Lo cual no quiere decir que Él, (Dios) se goce o disfrute probando en aflicciones a sus hijos, de hecho sabemos también que Cristo intercede por todos y cada uno de nosotros en el momento de la prueba, para que esa fe salvadora que Él trajo a nuestras vidas no nos falte y podamos salir victoriosos en cada una de las tribulaciones que enfrentemos; ¿Cierto?

Sin embargo nos sería muy difícil encontrar a un amado de Dios de los que tenemos constancia en la Biblia, que no haya atravesado, no una, sino varias veces por el sombrío valle de la tribulación sumido en angustias y dolores. Un claro ejemplo de esos tiempos de aflicción es el del rey David. Son muchos los salmos en los que clama a Dios por un socorro que en ocasiones pareciera no llegar nunca, «Yo estoy afligido y menesteroso; Apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador eres tú; Oh Jehová, no te detengas» (Sal. ‭70:5‬). Y cierto es que nosotros, una y otra vez vemos sobre su vida una provisión de gracia y misericordia que no se apartó de él en ningún momento, pues Dios es grande, misericordioso, y siempre fiel a sus promesas, ¿Amén?

¿Y quién de aquellos de nosotros que decidimos seguir a Cristo no ha atravesado ya alguno de esos valles de sombra en los que nuestra fe ha sido o está siendo puesta a prueba? Pero también os diré ¿Quién de vosotros que sufristeis tribulaciones y pruebas, no fuisteis confortados por Cristo en medio de esa aflicción?

Pero un lastre que contamina nuestra fe. Pensamos como aquellos antiguos judíos con los que Cristo se enfrentaba a diario. Pensamos que Dios bendice con las riquezas y la prosperidad, y que si no es así, algo está yendo mal; pero ¿No bendice Dios tanto con la prueba, haciéndonos crecer y madurar, así como con la riqueza material? ¿O acaso aquel que atraviesa por la prueba o la tribulación no está siendo bendecido por la mano de Dios? Sería pueril pensar que Dios solo bendice a través de las riquezas o la prosperidad.

Pero lo cierto es que en ocasiones nos cuesta ver el propósito de nuestros sufrimientos, nos cuesta hasta el punto que hay tiempos o situaciones ante las que lo único que perseguimos es huir hacia la tranquilidad, sin pensar que en esos tiempos de dificultad, nuestra fe es fortalecida y afirmada en las promesas de Dios. Es en esos tiempos en los que podemos afirmar que nuestra fe está siendo refinada como el oro. Pero la fe siempre pide de nosotros que confiemos en Dios, aunque en ocasiones confiamos más en nuestras capacidades o en nuestras seguridades que en Él; podemos pensar que no es así, y está bien, pero no renunciamos a ellas.

¿Por qué nos cuesta tanto ver la bendición de Dios detrás de las dificultades? ¿Por qué consideramos que si todo va bien a nuestros ojos Dios está respaldándonos, y si las cosas no van como esperábamos es que Dios no nos está bendiciendo? ¿No fue una bendición para la vida de Abraham lo que aprendió en el camino al monte Moriah? ¿Acaso Dios había abandonado a Job, ante sus dificultades, lo había dado la espalda? ¿Cuándo Cristo fue traicionado por Judas, negado por Pedro y abandonado por el resto, Dios no estaba detrás de todo ello con un propósito eterno?

Hoy tus dificultades están siendo seguidas de cerca por los ojos de Dios. Tú estás siendo confortado en todo momento por Cristo, pues Él está intercediendo por cada uno de nosotros ante el trono del Padre para que nuestra fe no nos falte. Pero no dejes de esforzarte cada día en esa preciosa fe que Cristo trajo a tu vida.

El pueblo de Israel tuvo que estar esclavo en Egipto por cuatrocientos años hasta clamar con todo su corazón por una libertad que antes ni valoraron ni desearon. Tuvieron que ser esclavos para aprender a ser libres. Tuvieron que vivir cautivos para clamar por su libertad, y tuvieron que estar cuatrocientos años como extranjeros para poder llegar a tomar posesión de la Tierra Prometida. Que no decaiga tu fe, Dios está detrás de todo.

«Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.»
Lucas‬ ‭22:31-32‬

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